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Realicé todo el grafismo y también colaboré en la decoración del establecimiento.
Los Pulccinelas salpicaban los cuadros y diseños del restaurante. Y decidí que en la entrada, un Pulccinela corpóreo, de metro ochenta, con el número 13 y una herradura en su vestimenta, recibiera a los clientes, porque según me contaron los dueños napolitanos, esta tradición de su región, traería suerte y prosperidad a su negocio.

Il Piccantino
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